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Mujeres otomíes que inspiran: resiliencia y turismo comunitario en el bosque de Tesquedó

¿Alguna vez te has preguntado qué historias de vida acompañan tus experiencias de viaje?
En la comunidad de Tesquedó, en el municipio de Amealco de Bonfil, Querétaro, descubrimos una historia que refleja la fuerza y la unión familiar del pueblo originario Ñhöñho (otomí).

Con apenas 200 habitantes y 22 hogares, Tesquedó fue durante mucho tiempo una localidad marginada de los planes de desarrollo local. Sin embargo, entre sus bosques de pino-encino —protegidos desde 1942— ha florecido una conciencia profunda por conservar la naturaleza y la cultura que sostienen la vida de su gente.

Conservación y vida comunitaria en el bosque de Tesquedó

La comunidad protege cada año su bosque recolectando bellotas para reforestar la zona y mantener el equilibrio ecológico. Las familias saben que el bosque es su fuente de alimento, leña y agua; por eso, la tala y el pastoreo se controlan con responsabilidad colectiva.

En este entorno, las mujeres otomíes han sido protagonistas silenciosas del cambio. En el pasado, sus días se llenaban de tareas de subsistencia: preparar alimentos, lavar ropa o caminar kilómetros para obtener agua. Hoy, gracias al acceso a servicios básicos y programas educativos, muchas han encontrado nuevos caminos para mejorar su calidad de vida y fortalecer la economía local.

Rocío y la fuerza de una nueva generación

Rocío García Miranda, una de las 13 hijas de Martha y José, representa la nueva generación de mujeres que buscan transformar su comunidad desde dentro. Estudió gastronomía en la ciudad de Querétaro, y durante la pandemia pausó sus estudios para apoyar a su familia.

Inspirada en su nombre —que evoca gotas de vida y esperanza— Rocío decidió canalizar sus aprendizajes en un sueño común: construir un proyecto turístico que fortalezca a su familia y su comunidad.

Nace el Grupo de Trabajo Comunitario Texquedó

Con el apoyo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), la familia García Miranda conformó en 2018 el Grupo de Trabajo Comunitario Texquedó, que busca impulsar el turismo sustentable local. Con esos recursos se planeó la construcción de dos cabañas y un restaurante rústico para recibir visitantes en su propio terreno.

Aunque la pandemia detuvo parte del proyecto, la determinación del grupo sigue firme. Desde 2015 ofrecen recorridos interpretativos donde las personas pueden recolectar hongos en temporada de lluvias, disfrutar caminatas por el bosque, cascadas y presas, degustar gastronomía tradicional y adquirir artesanías locales como muñecas Lele y bordados otomíes.

Gracias a esta iniciativa, las hermanas de Rocío —Briselda, Alicia y Cristal— y sus familias cuentan con empleos temporales remunerados, demostrando que el turismo comunitario puede ser un camino real hacia el bienestar y la conservación.

Misión del Grupo de Trabajo Comunitario Texquedó

Fomentar y fortalecer la actividad turística desde lo local mediante la participación activa y conjunta de nuestro grupo de trabajo comunitario, para mejorar nuestra calidad de vida mediante el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y culturales disponibles, poniendo en valor nuestras tradiciones e identidad de pueblo originario Ñhöñho (otomí) y generando clientes satisfechos con las experiencias que les brindemos.

Turismo comunitario: sembrar bienestar y conservar la vida

La historia de Rocío y su familia es un ejemplo de cómo el turismo de base comunitaria fortalece el bien común: mejora la calidad de vida, rescata tradiciones y fomenta la conservación del entorno natural.

Desde La Mano del Mono, seguimos impulsando este tipo de proyectos que promueven la autonomía local, el turismo regenerativo y la protección de la biodiversidad, asegurando un futuro sostenible para las comunidades y sus territorios.

¿Te gustaría conocer más historias como esta o visitar Tesquedó?
Descubre cómo el turismo comunitario transforma vidas y territorios en lamanodelmono.org

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