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¿Cómo puede el turismo contribuir a la conservación de la biodiversidad?

El turismo depende de territorios vivos. Conoce cómo la actividad turística puede contribuir a conservar la biodiversidad mediante experiencias de naturaleza, participación comunitaria, gestión de visitantes y mecanismos de financiamiento.

El turismo depende de los territorios que visita.

Un bosque, una selva, un arrecife, un manglar, una montaña, un humedal o una costa pueden ser el motivo de un viaje. También pueden sostener los servicios ecosistémicos, las actividades económicas, la cultura y las formas de vida que hacen posible una experiencia turística.

Pero esta relación tiene dos caras.

El turismo puede generar ingresos, empleo, conocimiento y recursos para conservar la naturaleza. Al mismo tiempo, cuando se desarrolla sin una adecuada planeación y gestión, puede ejercer presión sobre los ecosistemas mediante el cambio de uso de suelo, la generación de residuos, la contaminación, la sobreexplotación de recursos, la infraestructura o una afluencia de visitantes que el territorio no puede soportar.

Por eso, hablar de turismo y conservación de la biodiversidad no significa asumir que el turismo es automáticamente una solución.

Significa preguntarnos cómo podemos diseñarlo y gestionarlo para que contribuya a conservar aquello de lo que depende.

Turismo y biodiversidad: una relación que debemos repensar

La biodiversidad no es solamente la variedad de especies que encontramos en un destino.

Incluye también los ecosistemas, los procesos ecológicos y la diversidad genética que sostienen la vida. De ellos dependen bienes y servicios fundamentales para las personas: agua, alimentos, regulación climática, polinización, protección frente a fenómenos naturales y también experiencias culturales y recreativas.

Para el turismo, esta relación es especialmente evidente.

El turismo de naturaleza necesita ecosistemas saludables para existir. Una experiencia de observación de fauna necesita que existan las especies y los hábitats que las sostienen. Una actividad en un arrecife necesita arrecifes saludables. Un sendero en el bosque depende de que el bosque continúe ahí.

La biodiversidad, por tanto, no es el escenario donde ocurre el turismo.

Es parte del patrimonio natural que hace posible la experiencia y del capital natural del que depende el destino.

En México, esta relación ha sido reconocida desde hace años. La CONABIO señala que los ecosistemas sanos son fundamentales para actividades como el turismo de naturaleza, aventura, ecoturismo y turismo rural, y que el sector turístico puede contribuir tanto a la conservación de la biodiversidad como a generar beneficios sociales y económicos para las comunidades locales.

Pero existe una condición: el turismo debe gestionarse de manera adecuada.

El turismo depende de territorios vivos

Un destino turístico no es únicamente una colección de atractivos.

Es un territorio donde interactúan ecosistemas, comunidades, empresas, infraestructura, cultura, recursos naturales y visitantes.

Cuando uno de estos elementos se deteriora, los demás también pueden verse afectados.

Por ejemplo, la pérdida de un ecosistema puede disminuir la calidad de una experiencia de naturaleza. La escasez de agua puede afectar a las comunidades y a las empresas. La degradación de un paisaje puede reducir el atractivo de un destino. Una visitación desordenada puede generar presión sobre especies, senderos, cuerpos de agua o sitios culturalmente importantes.

Por eso, la conservación de ecosistemas no debería entenderse como un tema separado de la gestión turística.

Es una condición para la permanencia del propio destino.

La CONANP ha planteado desde hace años la necesidad de que el turismo en áreas naturales protegidas cuente con instrumentos de planeación, regulación, manejo y vigilancia que permitan controlar y mitigar sus impactos y, al mismo tiempo, convertir la actividad turística en una herramienta de conservación.

La pregunta deja entonces de ser únicamente:

¿Cómo hacemos turismo sin dañar la naturaleza?

Y comienza a ser:

¿Cómo puede el turismo contribuir a que los territorios que visita se mantengan vivos?

¿Cómo puede el turismo generar valor para la conservación?

No existe una sola respuesta.

El turismo puede contribuir a la conservación de la biodiversidad a través de diferentes mecanismos que, cuando están bien diseñados, pueden reforzarse entre sí.

Entre ellos están las experiencias de naturaleza, la participación comunitaria, las buenas prácticas empresariales, la educación de los visitantes, la gestión de flujos turísticos y los mecanismos de financiamiento para la conservación.

Lo importante es que estas acciones no se queden aisladas.

El verdadero potencial aparece cuando forman parte de una estrategia territorial.

Experiencias de naturaleza

El turismo de naturaleza puede ayudar a poner en valor los ecosistemas y las especies que forman parte de una experiencia.

Una caminata interpretativa, la observación de aves, el avistamiento responsable de fauna, el conocimiento de un ecosistema o una experiencia vinculada con los saberes locales pueden ayudar a que los visitantes comprendan mejor el territorio que están recorriendo.

Pero no basta con incorporar naturaleza a una experiencia turística.

El diseño debe considerar también la capacidad del territorio, las temporadas, los sitios sensibles, el comportamiento de las especies y las reglas necesarias para evitar impactos.

Una experiencia de naturaleza bien diseñada puede generar ingresos y, al mismo tiempo, fortalecer la valoración social de la biodiversidad.

También puede abrir oportunidades para que parte del valor generado regrese al territorio.

Participación comunitaria

La conservación no ocurre únicamente dentro de las áreas naturales.

Ocurre también en las comunidades que habitan esos territorios, conocen sus dinámicas y participan en su cuidado.

Por eso, las comunidades no deberían ser consideradas únicamente como beneficiarias del turismo ni como proveedoras de servicios.

Son actores del territorio.

Un turismo que busca contribuir a la conservación necesita reconocer sus conocimientos, fortalecer sus capacidades y generar espacios para que participen en las decisiones que afectan el desarrollo turístico y el manejo de los recursos.

Esto es particularmente importante en contextos donde el territorio tiene una fuerte relación entre naturaleza, cultura y medios de vida.

Cuando el turismo genera oportunidades económicas vinculadas con la conservación y permite que una mayor proporción del valor permanezca localmente, puede contribuir a fortalecer alternativas de desarrollo compatibles con el cuidado del territorio.

Financiamiento para la conservación

Conservar también cuesta.

Monitorear especies, restaurar ecosistemas, mantener infraestructura, gestionar visitantes, realizar vigilancia, desarrollar educación ambiental o fortalecer capacidades comunitarias requiere recursos.

Por eso, una conversación seria sobre turismo y conservación también debe hablar de dinero.

El turismo puede convertirse en una fuente de financiamiento para la conservación cuando existen mecanismos capaces de conectar la actividad turística con las necesidades reales del territorio.

Esto puede incluir pagos de acceso, cuotas de conservación, aportaciones voluntarias, concesiones, fondos y otros mecanismos financieros, dependiendo del contexto y del modelo de gobernanza.

En México ya existen esquemas en los que la visitación genera recursos asociados a las áreas naturales protegidas. La propia CONANP señala que las aportaciones de los visitantes pueden contribuir al cuidado y conservación de las áreas naturales protegidas.

Pero recaudar no es suficiente.

Para que el financiamiento sea realmente útil, es necesario saber cuánto se genera, cómo se administra, dónde se utiliza y qué resultados produce.

La transparencia y la gobernanza son parte del mecanismo.

Aquí es donde la tecnología puede desempeñar un papel relevante.

Un sistema de reservaciones puede ayudar a gestionar visitantes, controlar capacidades, procesar pagos, generar información sobre la visitación y facilitar mecanismos que conecten la actividad turística con recursos destinados a la conservación.

Reserva Natura trabaja precisamente en esta intersección: integrar reservaciones, manejo sustentable de visitantes y mecanismos de financiamiento para la conservación dentro de una misma operación.

No se trata únicamente de cobrar por visitar.

Se trata de construir una conexión más clara entre:

visitar → generar valor → conservar.

Cuando esa conexión es transparente y está respaldada por una buena gobernanza, la actividad turística puede convertirse en parte de la infraestructura financiera que sostiene la conservación.

El papel de las empresas turísticas

Las empresas también tienen capacidad para transformar la relación entre turismo y conservación.

No solamente a través de acciones ambientales dentro de sus propias operaciones, sino revisando cómo sus productos, proveedores, experiencias y relaciones con el territorio generan impactos.

Algunas preguntas pueden ayudar a iniciar ese proceso:

  • ¿De qué elementos de la biodiversidad depende mi producto turístico?
  • ¿Qué impactos genera mi operación sobre el territorio?
  • ¿Cómo gestiono agua, energía, residuos y otros recursos?
  • ¿Cómo contribuyo a la economía local?
  • ¿Mis proveedores comparten criterios de conservación?
  • ¿Cómo preparo a los visitantes para relacionarse responsablemente con el territorio?
  • ¿Existe una forma de que parte del valor generado por mi actividad contribuya a conservarlo?

Integrar estas preguntas en la operación permite pasar de buenas intenciones a decisiones concretas.

También abre una oportunidad para que la conservación forme parte del diseño del producto turístico y no solamente de la comunicación de la empresa.

El papel de los visitantes

El visitante también forma parte del sistema.

Sus decisiones influyen en qué experiencias se desarrollan, qué empresas reciben ingresos y cómo se comporta la actividad turística en un territorio.

Elegir operadores responsables, respetar las reglas de las áreas naturales, seguir las indicaciones de guías y gestores, evitar interacciones que alteren el comportamiento de la fauna y reducir la generación de residuos son acciones importantes.

Pero la participación puede ir más allá.

Un visitante puede contribuir mediante el pago de acceso, cuotas específicas de conservación o aportaciones voluntarias cuando estos mecanismos existen.

También puede convertirse en una fuente de información.

La evaluación de una experiencia, los registros de visitación y, en determinados contextos, la participación en iniciativas de ciencia ciudadana pueden generar información útil para quienes gestionan un territorio.

La clave es cambiar la idea del visitante como alguien que simplemente consume una experiencia.

Puede ser también parte de la relación de cuidado que permite que esa experiencia continúe existiendo.

De minimizar impactos a generar impactos positivos

Durante mucho tiempo, gran parte de la conversación sobre turismo sostenible se concentró en una pregunta necesaria:

¿Cómo reducimos los impactos negativos del turismo?

Reducir residuos, ahorrar agua, controlar la afluencia, evitar daños a la fauna y disminuir la presión sobre los ecosistemas sigue siendo fundamental.

Pero la conversación puede ir un paso más allá.

El turismo regenerativo plantea una pregunta adicional:

¿Cómo puede la actividad turística contribuir a fortalecer las condiciones ambientales, sociales y económicas que hacen posible la vida en un territorio?

Esto no significa que cualquier actividad turística sea regenerativa por el simple hecho de llamarse así.

La regeneración requiere conocer el contexto, identificar necesidades, trabajar con los actores del territorio y definir qué significa mejorar las condiciones de ese lugar.

Puede significar restaurar un ecosistema.

Puede significar fortalecer una empresa comunitaria.

Puede significar mejorar la gestión de visitantes.

Puede significar recuperar conocimientos locales.

Puede significar generar recursos para conservar un área natural.

Puede significar crear capacidades para que una comunidad tenga mayor participación en las decisiones sobre su territorio.

Por eso, pasar de la sostenibilidad a la regeneración no consiste simplemente en cambiar de lenguaje.

Consiste en ampliar la pregunta sobre el impacto que queremos generar.

Conservar también debe formar parte de la experiencia

El turismo necesita territorios vivos.

Necesita biodiversidad, paisajes, agua, cultura, comunidades y ecosistemas capaces de sostener la actividad en el tiempo.

Pero esos territorios también necesitan que el turismo sea capaz de aportar a su conservación.

La oportunidad está en construir una relación donde ambos puedan fortalecerse.

Eso requiere empresas que incorporen la conservación en sus decisiones, comunidades con capacidad para participar y liderar, visitantes conscientes de su relación con el territorio, gestores capaces de ordenar la actividad y mecanismos financieros que permitan que una parte del valor generado por el turismo regrese a la conservación.

La tecnología puede ayudar a conectar estas piezas. Las alianzas pueden hacer posible que trabajen juntas. Y el turismo regenerativo puede ayudarnos a cambiar la pregunta: no solamente cuánto impacto reducimos, sino qué valor podemos dejar.

Porque la naturaleza no es el escenario donde ocurre el turismo.

Es parte de lo que hace posible que exista.

Y si el turismo depende de territorios vivos, contribuir a conservarlos debería ser parte de la manera en que entendemos el turismo.

Conoce algunas de las soluciones que estamos impulsando para conectar turismo, conservación y desarrollo territorial.

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